SOSTENIBILIDAD
El karité crece silvestre y se recoge a mano. Todo nuestro modo de comprar sale de esos dos hechos.
En este sector la sostenibilidad suele discutirse como un certificado o un logotipo. Preferimos describir el acuerdo en sí, porque es el acuerdo lo que funciona o no: qué precio se pacta, cuándo se pacta, a quién se paga, cuándo se le paga, y si esas mismas personas querrán vendernos la temporada siguiente.
El karité no se cultiva. Los árboles crecen silvestres por la sabana y la nuez la recogen sobre todo mujeres, en los meses en que hay pocos ingresos. Nadie plantó esta cosecha y nadie puede plantar más deprisa, así que el suministro depende por completo de que recoger siga mereciendo la pena. Quiénes lo recogen.
Ahí está todo el argumento comercial para comprar con cuidado. Una temporada en que se paga tarde o mal a las recolectoras es una temporada en que se recoge menos y llega menos cosecha a nadie. Nuestro interés y el suyo apuntan al mismo sitio, base más firme que la buena voluntad. Cómo se fijan los precios.
Somos prudentes con las afirmaciones. Hoy no tenemos certificación ecológica ni de comercio justo, y lo decimos en vez de insinuar lo contrario. Lo que sí tenemos son registros por lote que ligan cada partida al grupo que la entregó, que es justo lo que los esquemas de certificación pretenden verificar. Qué podemos trazar y dónde estamos en certificación.
La prueba no es lo que digamos en un folleto. Es si los mismos grupos nos venden otra vez el año que viene.