LAS PERSONAS
El karité se recoge, se acarrea, se hierve, se seca y se casca antes de que nadie de nuestro sector lo vea. Casi todo ese trabajo lo hacen mujeres.
La temporada del karité cae en los meses en que escasea el trabajo agrícola, y por eso mismo la recolección importa. Para muchos hogares de la franja de sabana es el ingreso que cubre los gastos escolares y sostiene a la familia hasta la siguiente cosecha. No es una actividad complementaria, y tratarla como tal es la vía más rápida a quedarse sin suministro.
El trabajo es duro. Las nueces se recogen bajo árboles silvestres recorriendo distancias largas, se cargan, se hierven, se secan al sol y se cascan a mano. Cuando un saco llega al punto de recolección, lleva dentro varios días de trabajo. Cómo compramos.
Compramos a grupos organizados y no a particulares, porque un grupo puede reunir volumen suficiente para justificar el viaje, sostener un precio en la negociación y cobrar de una forma transparente para sus miembros. Donde el grupo está bien llevado, la diferencia de calidad se ve antes de analizar nada.
Un precio fijado en el momento de vender da toda la ventaja al comprador. Pactarlo antes permite al grupo decidir si recoger merece la pena cuando aún hay tiempo.
Los plazos a treinta días son normales en el comercio e inútiles para un hogar que recogió la semana pasada. Liquidamos en el punto de recolección.
Cuando la calidad se mantuvo, regresamos la temporada siguiente. La continuidad convierte una transacción en algo con lo que ambas partes pueden contar.
La cosecha de un grupo sigue siendo identificable en vez de mezclarse al llegar, y eso es lo que nos permite decirle a un comprador de dónde salió su partida. Qué registramos.
Si nos compra y necesita detalle sobre el origen de un lote, pregunte. Preferimos responder a que se nos crea por confianza.